|
 |
|
| Etapa 1 Villentro - Vivar del Cid - San Pedro de Cardeña. 21 Kms. |
|
| |
Según la Historia Roderici, Diego Laínez, padre del Cid, tuvo que luchar contra las tropas del Rey de Navarra que se acercaban casi hasta el Oriente del valle del Ubierna, a la muerte de Sancho III el mayor. |
Sin duda el padre del Cid viviría en un asentamiento fronterizo y tenía una numerosa mesnada para sostener la cual tenía que disponer de pastos, agua, molinos, etc. |
Por suerte, podemos visitar ese asentamiento en el "barrio" de Villentro, a la izquierda del río Ubierna y del Castillo, en Sotopalacios; todavía podemos contemplar un molino del Cid, el único que queda en pie; el lugar donde se levantaba la "casa fuerte y grande de tapias" donde vivió siempre el padre del Cid, que se hallaba donde hoy se levanta el castillo; todavía podemos ver unas aspilleras del s. XI, en el trastero de la sacristía de la iglesia de sotopalacios. ¿En tiempo y debidas al Cid? |
Y ese fue el medio o hábitat en el que vivió el Cid su infancia y su juventud, compaginadas con alguna estancia en Burgos para formarse junto al futuro rey Sancho del que llegó a ser su portaestandarte. |
Al morir Sancho II en Zamora, el Cid contribuyó a dar la corona de Castilla al hermano Alfonso VI, como había prometido a su Rey, según el Carmen Campidoctoris. |
Respetado al principio en la corte, el Cid cayó luego en desgracia y fue desterrado de Castilla. |
| |
|
Castillo de Sotopalacios, levantado sobre la casa grande y fuerte de tapias que construyó el padre del Cid |
| |
|
Uno de los molinos del Cid |
| |
| Para ir de Villentro a Vivar hay que pasar el puente sobre el Rioseras, que salva el río junto a Villentro, y seguir el camino de Rioseras hasta Vivar para entrar por la actual avenida del Cid |
Y, mientras atravesaba Vivar, al Cid se le desgarraba el alma, según narra el poeta en los bellísimos versos con que comienza el Cantar.
|
Delos sos oios tan fuerte mientre lorando,
Tornaua la cabeça , estaba los catando.
Vio puertas abiertas , vços sin cannados,
Alcandaras uazias sin pielles , sin mantos
E sin falcones , sin adtores mudados. Vv. 1-6. |
No se puede narrar mejor la desilusión y el abatimiento que embargan al Cid al salir para el destierro. Vuelve la cabeza el Cid para echar la última mirada con los ojos empañados a las casas abandonadas que iba dejando atrás.
Al llegar frente a la Iglesia, en la que parece que reposaban los restos de sus padres y sus antepasados, se conmoverían los sentimientos de la despedida:
Sospiro myo çid, ca mucho auie grandes cuydados.
Ffablo myo çid bien , tan mesurado:
“¡Grado a ti, sennor padre, que estas en alto!
Esto me an buelto myos enemigos malos”. Vv. 6-10.
Pero, había que seguir a rastras con la pesadumbre:
Alli pienssan de aguiiar, alli sueltan las Riendas. V. 10.
Levantó los ojos al cielo y atisbó el Cid buenos augurios en el vuelo de las aves:
A la exida de biuar ouieron la corneia diestra, v. 11.
Se alegró el Cid y alentó a su sobrino Minaya, que le acompañaba:
“¡Albricia, albarffanez, ca echados somos de tierra!” V.14.
Y se encaminaron hacia Burgos siguiendo el camino de Rioseras que pasa por delante de la Iglesia y sale de Vivar por Carremuzarra (o Carrimuzarra) en dirección a Burgos.
|
| |
| |
| |
|
|